La Iglesia del Nazareno vivió un domingo inolvidable bajo el mover poderoso del Espíritu Santo. El Domingo de Fuego reunió a la congregación en un ambiente de fervor, adoración y renovación espiritual, donde cada cántico y cada oración se convirtieron en llama viva de fe.
Desde el inicio del servicio, la presencia de Dios se manifestó con fuerza, encendiendo corazones y fortaleciendo la esperanza de la comunidad. Los mensajes proclamados llamaron a la santidad y a la entrega total, recordando que el fuego del Espíritu purifica, transforma y guía a la iglesia hacia una vida consagrada.
La jornada estuvo marcada por alabanzas vibrantes, testimonios de fe y un tiempo de oración que unió a todos en un mismo sentir. El Domingo de Fuego no fue solo un servicio, sino una experiencia de encuentro con Dios que dejó huellas profundas en cada asistente, renovando el compromiso de vivir en santidad y anunciar el Evangelio con pasión.














